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Plus size en cuerpo y mente: Fiestas Patronales de San Miguelito

“¡Fátima! ¡Fátima!” sonaba al unísono. Por mi mente pasaba el enorme deseo de ver a Fátima con la corona de Reina del Barrio de San Miguelito. Al día siguiente, no podía con la garganta. Por dentro me repito que valió la pena porque fui testigo, como pocas veces, de que la revolución curvy es capaz de reducir efigies oníricas a cositas aparentemente simples: “el cartel de la Representante requería serlo también de la belleza; quizá no estoy dentro de los estándares típicos de la belleza, quiero romper con eso”, aclara Fátima.

Fátima Ruiz. Tomada por Sahiye Cruz Villegas

Horas antes, el domingo por la tarde, fui a las urnas del jardín para votar. “¿Vas a votar? Vota por Monse”; ante tal imperativo solo pude responder, orgullosa, “voy a votar por Fátima”. Aunque, en lo personal, dudaría seriamente de si unos votos, o un concurso, pudieran definir quién es la mejor. A veces, por cosas de la vida, solo se alcanza a entrever quién es la peor. Será suficiente, pues, con contar que el día de la presentación de talentos aturdió con muestras de modelaje banales que tan solo alcanzan para demostrar defectos, más que capacidades.

 

Entiéndase, pues, que con defectos hago referencia a una postura superficial que, como nos explicaría Roy Batty, resulta ser tan frágil que se corre como las lágrimas en la lluvia. Pero Fátima no, no es así, a ella le gusta cantar. “¡Fátima! ¡Fátima!” sonaba al unísono. Aún con eso, sigo sin comprender por qué razón pudiera ser más valiosa una personalidad leal a los estereotipos que tanto daño le han hecho a muchas mujeres. Se tomarán muy en serio, como parece, que la postura de Simone de Beauvoir es una regla a seguir: no se nace mujer, se llega a serlo.

 

Fátima y sus papás

La buena noticia es que para el capital intelectual suena más atractiva la idea de una mujer que persigue su sueño para escribir novelas de terror. En otras palabras: con todo y plus size, Fátima debía ganar. Presentaron al jurado y caí en cuenta de que podría ser un problema, de esos que se resumen, al fin de cuentas, en el contexto estructural y cultural estresante y violento dentro del cual, inevitablemente, vivimos las mujeres. Coquito, la Reina del Barrio de San Miguelito 2016-2017, también es plus size. Celebraría y aplaudiría con arrebato de no ser por que la razón por la cual fue reina es que no hubo ninguna otra candidata. O, peor tantito, que la maestra de ceremonias haya aclarado que ese fue el motivo.

 

De todas formas, mi admiración para Coquito. La lluvia intensa aceleró el proceso de la coronación tras la ronda de preguntas culturales. Fátima contestó breve, concisa y clara. “¡Fátima! ¡Fátima!” sonaba al unísono. A pesar de todo eso, la corona para la Reina fue para alguien más. Recordé, instantáneamente, el día de la peregrinación por las Fiestas Patronales y me pareció paradójico, incongruente, y por poco inverosímil, el hecho de que Fátima haya quedado en segundo lugar, como Princesa del Barrio, siendo la única candidata que estuvo de principio a fin.

Fátima y su familia

Y aunque desconozco las calificaciones y criterios de los jueces, me atrevería a afirmar que, a sus ojos, tal vez una plus size no se merecía la corona. Con justa razón, se merece algo mejor. Podría parecer, con esto, que intento arrebatarle a Fátima sus rasgos humanos para identificarla con cierta excelencia. No sería para menos. Al finalizar, me contó que se sentía satisfecha con los resultados: “creo que todo fue un proceso justo y quedó como debió haber quedado”.

 

Y, como posteé en mi instagram: ¡Por eso voté por Fátima!.

 

Fátima Princesa de San Miguelito

 

Acerca del autor

Cristina Flores

Estudiante de los procesos comunicativos| Periodismo Feminista♀| Guionista de LAF| Enamorada de mi Furiosa y de la sucia Divine| Alumna Ibero ❤