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Eventos / Reflexión

¿Estamos realmente preparados para catástrofes naturales?

Un 19 de septiembre la ciudad de México se sacudió violentamente, sorprendió a la población y al gobierno, a 30 años del terremoto de 1985, ¿realmente estamos preparados para contingencias de ese tipo?

Ya que se acaban de cumplir 30 años desde el terremoto de 1985 en México, y nos han recetado notas y especiales (que no contienen novedades) todo el fin de semana, y desde un fin de semana antes con simulacros, realmente me hizo pensar: ¿estamos mejor preparados para una catástrofe natural en la Ciudad de México?

Es cierto que la tecnología en las construcciones ha avanzado mucho, los edificios están mejor cimentados, con mejores estructuras; la realidad es que estamos rodeados de edificaciones que son muy peligrosas por su tamaño, si son realmente seguras sólo lo sabremos cuando el planeta nos haga volver a saber de su poder. Y a ver, sinceramente, cuántas personas conocen que tengan bajo su cama o cerca una lámpara, sus papeles importantes y una radio como kit de emergencias, si cuando se va la luz ahí andamos corriendo despavoridos buscando las velas.
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Hace sólo una semana, mientras nosotros festejábamos el día de la independencia, a Chile lo sacudió un terremoto con una intensidad de 8.3 grados Richter, su magnitud alcanzó para detonar alerta de tsunami en la costa del país, alerta que alcanzaría a Nueva Zelanda, así de importante fue el sismo, a pesar, de que en ese país hay mucha actividad geológica, los habitantes no dejan de sufrir pérdidas humanas, por bajas que sean, y materiales.

Aunque no nos es ajena la desgracia, en nuestro territorio cada año las zonas costeras son azotadas por huracanes, quizá no todos con la misma fuerza destructiva, pero por más que haya planes de protección civil, siempre la naturaleza se encarga de demostrarnos lo débiles que somos, lo insignificantes que podemos ser y desmorona nuestra arrogancia.

En la ciudad de México se pusieron a prueba los sistemas de audio para alertar a las personas, y claro que todos las escuchamos, esa sirena infernal, que parece que el suelo se agrietará, saldrán llamas y el mismísimo patas de cabra se aparecerá ante nosotros. ¿En realidad funcionó el simulacro? Cuántos de ustedes o de sus conocidos realmente salieron a colocarse en zonas de seguridad, cuántos de los oficinistas salieron con afán de ponerse a salvo (de amentis). Es más, ¿en sus colonias hay señalamientos de protección civil? Ustedes como comunidad ¿tienen planes de evacuación? Por aquello de que no todo hay que dejárselo al gobierno.

No dudo que los edificios sean “más seguros”, tampoco que la capacidad de respuesta del gobierno haya mejorado, porque ese fue un punto muy criticado hace 30 años; ahora hay grupos de rescatistas que se formaron como respuesta a la gravedad de la situación en ese momento, “los topos”, internacionalmente reconocidos, cuya labor ha sido heroica e importante. Y  ¿el resto de nosotros? ¿sabemos como actuar?, si cuando hay sismos “menores” se nos olvida lo de no corro, no grito y no empujo.

Si hay personas que el impacto que causó el terremoto del 85 es tan grande que se pasman y no saben qué hacer, o se ponen histéricos, y no es crítica, para los que en ese momento eramos bebés, o pequeños o todavía ni nacían, no conocemos el terror de ver una ciudad destruida, de sentir la tierra sacudirse a ese grado.

terremoto
Somos más los que no conocemos los planes de protección civil, los que no conocemos los puntos seguros de nuestras propias casas, popularmente nos han enseñado a colocarnos debajo del marco de las puertas, o correr debajo de una mesa o escritorio, si eso en realidad funciona lo comprobaremos el día que nos toque vivir lo que nuestros abuelos y padres en ese momento experimentaron.

Hay una técnica que se hizo muy conocida hace unos años, “el triángulo de la vida”, no he podido comprobar su eficacia, si alguien ya lo hizo favor de compartir su experiencia; de cualquier forma, cuando entraba a la oficina en la que trabajaba o a cualquier lugar, muy aprensiva, buscaba los lugares que pudieran ser propicios para esa técnica de supervivencia, por supuesto, es una conducta poco comprensible, no obstante, demuestra mi temor por vivir una experiencia de naturaleza caótica, y es una forma de estar alerta, ¿preparada? no estoy muy convencida.

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La cuestión de que cada año nos recuerdan la catástrofe, no es sólo escuchar las historias desgarradoras, o las esperanzadoras, no es suficiente tener el 19 de septiembre de 1985 no 1986 como el tarado del presidente dijo en su discurso de conmemoración como una efeméride, lo que debe haber es conciencia de nuestro lado, tomar en cuenta que los simulacros no deberían ser para el café, el chisme o el cigarro, si no para aprender a ponernos a salvo en una situación de emergencia.

Al gobierno le falta implementar programas en las colonias, señales, que recuerdo ya existían pero con el paso del tiempo se olvidan de recolocarlas o pintarlas, eso no lo incluyen en sus campañas electorales incluso, no existe la organización de las comunidades. Lamentablemente, aunque el jefe de gobierno haya, con satisfacción, anunciado que en los simulacros hubo saldo blanco y todo fue conforme a lo planeado, la naturaleza no nos avisará, tampoco nos dará chance de salir cómodamente de nuestra oficina o casa, así que más vale que sí empecemos a prepararnos y no sólo a simular estarlo.

Brenda A.

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