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La belleza de los corazones rotos.

No sé si les haya pasado, pero el amor duele, duele y mucho. Ya lo saben todos ustedes, soy una romántica empedernida y fantaseo con la sola idea de encontrar a aquel caballero con brillante armadura –o jeans- que venga a su encuentro conmigo y me diga como lo complemento y él a mí; pero hay algo que no me agrada mucho: el amor duele.  No me gusta eso, abrirnos y luego sentir vulnerabilidad para después sentir que o no sabes lo suficiente o no es lo que podrías esperar.

El problema está en dejarnos sentir, últimamente las personas tendemos a cerrarnos a esas experiencias; aquello que es tan desconocido que se vuelve un temor y un sacrilegio para nosotros. Si escuchamos de corazones rotos tendemos a crear una imagen casi de tabú, nos cuentan pero no lo hacemos; decimos que preferimos ver de lejitos como otros batallan que vivirlo nosotros. Ese constante miedo al rechazo o a la incertidumbre es de lo más normal, pero vaya que sí es odioso.

El problema con tener un corazón roto es que no sabemos si valió o no la pena aquel sacrificio que hayamos hecho –grande o pequeño- si por algo no se dan las cosas tendemos a culparnos, porque obviamente los jueces más duros que tendemos a tener somos nosotros mismos. ¿Vale la pena todo ese dolor que podemos llegar a tener por entregarnos en cuerpo y alma? Es un dolor diferente, no es como cuando nos duele la cabeza y nos tomamos una pastilla, es algo que dura, algunas veces podemos llegar a creer que es insoportable pero aquí les va el secreto: sí vale la pena tener un corazón roto.

No me vean como la loca, claro que hay belleza en tener un corazón partido, solo piensen en la cantidad de cosas que aprendieron antes, durante y después del proceso. Vale la pena y les voy a dar la mejor razón del mundo: si dolió significa que dieron todo de sí, que vivieron plenamente el momento y sintieron una combinación exquisita con todos sentimientos y sensaciones habidas y por haber, haya sido una ruptura sana o no todo tiene su belleza.

Si fue una ruptura sana podríamos rescatar las buenas memorias e incluso aquellas que no fueron tan gratas, en cambio si pensamos en una ruptura dañina o mala hay que rescatar la fuerza que requirió terminar con todo, que aquella fue una de las decisiones más valientes que nos tocó enfrentar y que ese proceso de duelo será difícil pero al final del día nos da más cosas que solo madurez emocional.

El haberlo dado todo significa que aprendimos y nos hace darnos cuenta de que no es ni la primera ni la última vez que nos pueden llegar a romper el corazón, hace poco leí una página en internet que se llama “40 days of dating” (40 días de citas en español) en el que dos amigos hacen una crónica de lo que pasa cuando se ven diario por 40 días, las reglas del juego son las siguientes:

  1. Verse diario durante los 40 días.
  2. Salir en citas por lo menos tres veces por semana.
  3. Ir a terapia de parejas una vez a la semana.
  4. Ir en un viaje de fin de semana.
  5. Llenar diario un cuestionario que se les dará.
  6. No relacionarse con nadie más (ni citas ni contacto físico).

Durante este experimento podemos ver como personas comunes y reales van evolucionando  y se encuentran en constante cambio, Jessica y Tim son personas normales, se equivocan y tienen sueños y aspiraciones, lo que pasa entre ellos se vuelve como una adicción para los lectores ya que podemos escuchar (o leer) ambas partes de la historia. En los últimos días del experimento Jess me recuerda mucho a mí misma, se entrega muy rápido pero tiene una cualidad muy particular –que mí en lo particular me inspira-: reconoce que el hecho de que te rompan el corazón no es nada más que un signo de que lo vivimos al máximo, y de que dimos lo mejor de nosotros. No sé ustedes pero quiero empezar a creer en eso también.

Quiero creer que cada corazón roto que haya tenido –o vaya a tener- tendrá una historia, será de esas historias que hacen que veamos al pasado no con añoranza sino con sabiduría; quiero que sea algo impactante que refleje mi capacidad de entrega y de crecimiento. Espero poder lograr captar una historia de amor de las reales, no de cuento de hadas en los que todo es fácil y sin complicaciones, algo que me de batalla pero que al mismo tiempo sea tan natural como el respirar, pero más que nada que me de felicidad.

Espero que aquel corazón roto logre sacarnos de esta zona de confort a la que nos hemos acostumbrado por miedo. Hay que retarnos a nosotros mismos y darnos cuenta de que es parte de todas las personas, necesitamos verle la belleza a los corazones rotos porque eso significa que fuimos lo suficientemente maduros para entregarnos en cuerpo y alma, y eso si me lo preguntan a mí es de grandes. No es como que no esperemos que sea lo más bello posible –porque sí lo hacemos- pero es como si al entregar a alguien un pedacito de nuestras almas en retorno recibiéramos algo mucho más grande que eso, algo que no solo puede hacer la mejor historia romántica de la literatura o del cine; es algo más espiritual que nos puede llevar a un camino de auto-descubrimiento y nos puede dar de regreso una sonrisa, solo deben abrirse a la posibilidad de que todo es posible.

Au revoir!

About Author

El perfecto ejemplo de una romántica soñadora, drama queen y devoradora de libros. Una parlanchina innata que goza de los pequeños placeres que ofrece esta vida y fanática de las sonrisas.

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