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Del perdón y las oportunidades

Una de las principales características de los seres humanos es la imperfección; cometemos errores TODO el tiempo, experiencias de las cuales obtenemos lecciones de vida.

Equivocarse es parte de vivir.

Y lo que sucede es que a pesar de todos nuestros errores, la vida en sí nos perdona y nos brinda una nueva oportunidad cada día; entonces, ¿Por qué no brindárnosla nosotros también y brindársela a los demás?

Una vida sin errores sería una vida ignorante, sin sentido… vacía. Así como es de humanos errar, también lo es el reconocer nuestros errores, aprender de ellos, y seguir adelante; igualmente es de humanos aceptar una disculpa y saber perdonar.

Todo este proceso forma parte del ciclo natural de los errores, y la vida siendo una rueda de la fortuna nos va a colocar en diferentes ángulos, a veces lastimando a la gente, otras veces siendo lastimado, e incluso saliendo lastimados por nuestros propios errores. Seguir el proceso y completar el ciclo requiere de una fuerza y madurez sentimental que de manera empírica vamos adquiriendo con el paso del tiempo.

Las consecuencias de los errores se pueden ver a través de dos perspectivas: Siendo el perjudicador o siendo el perjudicado.

Cuando somos los responsables del acto, nuestra respuesta instantánea es el arrepentimiento.

El arrepentimiento como tal es obsoleto; cuando cometemos un error el sentimiento por el cual deseamos no haber hecho lo que hicimos se llama culpa. A través de la culpa nos damos cuenta de que lo que hicimos estuvo mal.

Todos los errores se hacen a conciencia, ya que en el momento en el que los cometemos la decisión que tomamos fue voluntaria, e independientemente de las circunstancias fue lo que queríamos hacer.

Por lo tanto arrepentirnos solo entorpece el proceso de reivindicación; Es lógico y natural que sea nuestra primera reacción, pero es muy fácil quedarse estancado y eso nos detiene de ser proactivos al respecto. Arrepentirnos nos preocupa en lugar de ocuparnos.

Aceptar nuestros errores es el primer paso del ciclo. Tenemos que liberarnos de la inmovilización que causa el arrepentimiento y estar conscientes de que nos equivocamos. Después viene la parte difícil, pero la más importante, que es perdonarnos a nosotros mismos; nuestras acciones no solo benefician o perjudican a los demás, también nos afectan personalmente, y para poder pedir perdón a los demás debemos de ser capaces de perdonarnos primero. Aceptando nuestras acciones y perdonándonos, dejamos ir nuestros errores y establecemos la paz y la armonía dentro de nosotros,  lo que nos permite brindar disculpas genuinas a los demás y esto aclara nuestro horizonte y de cierta forma nos saca del bache en el que nos metimos.

Pedir perdón es la forma más pura de la humildad; es la capacidad de dejar a un lado las excusas y las máscaras detrás de las cuales escondemos nuestra vergüenza y nuestra culpa y mostrarnos al desnudo ante la persona a la que perjudicamos, demostrándole que no tenemos como reparar el daño que hicimos, pero que lo que le podemos ofrecer de todo corazón es nuestra más sincera disculpa.

Pedir perdón cuesta, porque conlleva dejar a un lado nuestro orgullo.

Y las personas a las que lastimamos en el camino con nuestros errores nos brindan una segunda oportunidad en el momento en el que perdonan nuestras acciones.

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Cuando somos los perjudicados, nos sentimos derrotados y heridos por las acciones de la otra persona, y tendemos a cerrar nuestras puertas y colocar candados para bloquear cualquier palabra o acción en respuesta que venga de la persona culpable.

La debilidad emocional es la barrera que nos ciega e impide seguir el ciclo de los errores, sobreponiendo la cabeza antes que al corazón mediante el constante deseo masoquista de recordar el suceso, abriendo la herida a cada momento y en cada acción relacionada o que realiza el sujeto en cuestión y ocasionando que nos aferremos a los errores de los demás de manera negativa, saliendo afectados no solo nosotros principalmente, también la otra persona y en general los que nos rodean.

El perdón es uno de los valores más difíciles de adquirir, y es aún más difícil de poner en práctica. Perdonar va más allá de recibir y aceptar una disculpa de la otra parte; es aceptar el hecho de que la otra persona tomó la decisión de lastimarnos, haciéndolo con o sin intención, ser conscientes de que así como lo hizo una vez lo puede hacer mil veces más, y aun así dejar nuestro orgullo atrás y poner el corazón primero para dejar que la persona siga compartiendo, aportando y formando parte de nuestra vida.

Perdonar no es una acción inmediata. Cada persona toma su tiempo, su espacio y su forma de perdonar, pero una vez que lo hace no hay vuelta atrás. En el momento en el que perdonamos genuinamente a una persona por sus actos, le brindamos una nueva oportunidad.

Perdonando a los demás también nos brindamos una nueva oportunidad, ya que nos liberamos del apego de sentimientos negativos que generamos y nos permitimos seguir adelante.

Ante cada situación en la que salimos lastimados, está dentro de nosotros el reaccionar de manera sensible, pero sensata. Es normal sentirse herido, y cada acción a través de la cual nos lastiman es una cicatriz que nos marca tanto a nosotros como a la otra persona, pero el perdón es la pomada que nos ayuda a cerrar la herida.

Las cicatrices forman parte de quienes somos, y nunca se desvanecen por completo, así que no debemos de enfocarnos en tratar de desaparecerlas; es algo inútil. Debemos de aprender a vivir con ellas y a verlas no como el recordatorio del siniestro, sino como la representación de la nueva oportunidad de vida que surgió de este.

Perdonar no es olvidar, es ser capaz de ver más allá de los baches en el camino de la relación y seguir andando, con cautela pero sin mirar atrás.

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La rata dice:

No estamos exentos de salir lastimados o de lastimar a la gente mediante nuestras acciones, pero tampoco podemos limitar nuestra vida por miedo a cometer errores que lastimen a los demás, porque como todo en este mundo, los errores también nos traen beneficios, a veces más que los aciertos.

La clave es ser lo suficientemente fuertes para saber pedir perdón y perdonar.

Cambio y fuera.

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Escritora en proceso, amante de la comida, apasionada de la lectura y famosa chorera. Rata mental dando vueltas a 1000 por hora. Moto: El que persevera, alcanza.

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